“He visto las ciudades de muchos hombres, y he aprendido sus costumbres“
-La Odisea
Aprovechando el fin de semana largo producto de la celebración del día de los indignados porque América no fue descubierta, fue invadida y saqueada y no hay #NadaQueCelebrar del descubrimiento de América, decidí irme a conocer la Península de Nicoya y sus muy reputadas playas. El plan iba como sigue: San José – Puntarenas – Nicoya vía el Puente de la Amistad de Taiwán y de ahí decidir dónde ir. Al final me decanté por Sámara y en total fueron 5 horas y pico (“y resto” dicen aquí). Hostel de 10 dólares, playita, Ices, había partido de fútbol en el centro del pueblito y fiesta en la noche con un pibe buena onda y un menolcito de Austria (que no Australia).
Luego el plan seguía así: bordear la costa en dirección sur hasta Santa Teresa y terminar en Montezuma para pasar la segunda (y última) noche allí. No. Un puente se cayó hace 3 meses y el Corolla no pasa, así que había que dar la vuelta otra vez hasta Nicoya y llegar a Montezuma por el otro lado, 3 horas de camino. Dejé al menolcito austríaco en el ferry que va a Puntarenas y llegué tipo 3 a otro hostel de 10 dólares. Ahí conocí a Annika, Dominic y Brian, quienes andan rututeando por la Latinoamérica invadida y saqueada. Fuimos a una bonita cascada y con ellos aprendí a jugar Yahtzee. Compramos un tour a Isla Tortuga para el día siguiente, por lo que modifiqué mi itinerario que contemplaba regresar a SJo en el ferry de las 2 o las 5 para irme en el último, a las 8, con miras a llegar a casa a las 11. No.
En el tour íbamos Javi (madrileño), los alemanes y el irlandés del Yahtzee y dos gringos de Florida. Isla Tortuga muy MUY bonito, mucha fauna (papagayos, “chanchos de monte”, pavos reales, [¡]tiburones[!] y pececitos de mil colores), comida rica y playa decente. Regresamos a Montezuma tipo 4:15 y salimos a las 5 para tomar el ferry de las 8 (los gringos Drake y Joey en su carro alquilado y yo en el mío) porque habría mucha gente y no queríamos perderlo. Los 32 kilómetros debían recorrerse en aproximadamente una hora bajo condiciones normales. No.
Unos 20 minutos después de salir empezó a llover violentamente y al llegar al Hotel Barceló Tambor Beach la calle estaba inundada. Había un Ford Festiva dudando si avanzar y un grupo de motoristas nos advirtieron que no era recomendable. Empezaron a acumularse los carros, nadie se atrevía, el nivel del agua subió, trajo troncos y luego de media hora el aguacero menguó. Unos 15 minutos después empezó a descender el nivel del agua y las “yipetas” (“4×4”) empezaron a aventurarse. Esperé hasta que algún carro similar al mío se lanzara y cuando el Ford lo hizo, me atreví.
A medio camino del inmenso charco había una fila interminable de carros, porque más adelante había un puente totalmente inundado y obstruido por inmensos troncos, así que estaba atrapado en 30 o 40 centímetros de agua y empezaba a llover nuevamente. Decidí no arriesgarme y me devolví al punto original, allí esperamos hasta que los carros avanzaron y sus luces ya no se veían; solo entonces volvimos a intentarlo. Esta vez cruzamos todo el charco, el puente por el que pasaba una fortísima corriente de agua y parecía que lograríamos llegar al ferry justo a tiempo (Google Maps indicaba que estaríamos ahí a las 7:50). No.
Más adelante había una árbol atravesado en la carretera, con un pequeño margen para esquivarlo a mano izquierda. Delante de mí iba un autobús con empleados del Hotel Barceló, el cual que tuvo que ser evacuado porque se inundó. El bus intentó hacer la maniobra muy despacio y calculó mal el borde izquierdo de la carretera, cayó la goma delantera en el paseo, luego la trasera, y terminó recostado de la montaña a su lado unos 50 grados, imposibilitado para avanzar y con el correspondiente alboroto de sus ocupantes, la gran mayoría mujeres. Los demás conductores nos hicimos los héroes, abrimos la puerta de emergencia trasera, saltaron de ahí agradecidas y ahora el camino estaba obstruido por completo. Un pana dijo “hay que empujar el tronco!”, intentamos sin éxito bajo un aguacero nivel dios; luego otro gritó “traigan machetes!” y de repente aparecieron unos 4 o 5 machetes y le entramos con furia.
Unos 25 minutos después se abrió suficiente espacio entre la guagua y el árbol para que mi carro y el de los gringos pasase. Monté 4 de las mujeres del bus, las llevé a su pueblo y tratamos de acelerar un poco para ver si el ferry seguía ahí. Llegamos 8:15 y ya había partido, nos quedamos a esperar el que venía en sentido contrario que se suponía llegaría 9:30 a ver si, dada la cantidad de gente allí varada (habían unos 30 carros en total) podían armar otro viaje esa misma noche. No.
Al final nos quedamos a dormir en los carros para salir en el ferry de las 5:30 de la mañana del día siguiente, cansados, hambrientos, mojados, y con frío. A las 6:45 ya estábamos en Puntarenas y se suponía que los 106 km hasta mi casa debía hacerlos en hora y media, y llegar a la oficina a las 9:00. No. En la autopista habían innumerables escombros producto de las lluvias de la noche anterior y esto causó unos tapones (“presas”) inmensos, así como algunos accidentes menores que empeoraban sustancialmente la situación. Luego de un par de atajos, unas 153 galletas Sanissimo y mucho Soda Stereo, llegué a mi casa a las 9:30 y a la oficina a las 10:00, exhausto, quemado y con una muy interesante e inusual historia que contar. ¡Pura vida!
Nuzz.