Ese individuo, piensa ella brevemente, es de los que sonríen con los ojos.
El Asedio – Arturo Pérez Reverte
Cada vez con más frecuencia suelen aparecer impertinentes y procaces que confunden lo superfluo con lo profundo, lo accesorio con lo esencial, lo material con lo incorpóreo, lo intrascendente con lo substancial. Aprovecho para reiterar [si es que alguna vez lo he posteado] que no soy mis ropas, ni mi pelo, ni mi calzado [incluyendo las Vans cosmopolitas], ni el celular por más chulerías que le metan; no soy mi carro, ni el acné que sale o deja de salirme, ni los regalos que hago o la cámara de 12.1 megapixeles con zoom óptico de 15X; no soy siquiera mis incipientes pero definidos tríceps o las uñas que pierdo de tanto correr; no soy saco ni corbata, gafas o perfumes, romo ni tarjetas, efectivo o jeepetas, títulos, viajes, cubículo, prendas, portátil, tablets, musicón ni bocinas bluetooth.
El verdadero Oscar Iván Pascual Vásquez yace un poco más abajo de esas teatrales capas de apariencia. Soy lo que aprendí de mis padres [la biológica y el Ibérico], soy los valores intangibles que me caracterizan, la integridad que tanto he discutido con Jess-Jess, la ausencia de esa integridad [cuya máxima manifestación es mi impuntualidad], soy mis sueños incumplidos, mis sueños por cumplir, el verso creativo y no-tan-creativo que sale por mis dedos, los 1,000 Km que casi completo en 2011; soy los libros que he leído, la honestidad, el chiste inesperado, las verdades suicidas, la mirada sincera, mis errores, mis prejuicios y logros, la curiosidad insaciable, el conocimiento inútil, el optimismo que profeso ["Todo va a estar bien!"]; soy la forma en que me enfrento a la vida, cobarde o valerosamente, pero siempre de frente; un cúmulo de cicatrices, testigos de las batallas vividas, luchadas y ganadas o sueltas en banda [magister dixit]; soy canción de amor, coraje y alegría para quien sabe escucharme.
Y ustedes, ¿Me escuchan?
Nuzz