Llegué corriendo al albergue a buscar mi equipaje y salí trotando hasta la estación central [no se imaginan lo que es trotar con casi 20 kilos en la espalda y otros 8 en el pecho]. Bajé al andén y justo ahí llegó el tren. Se supone salía a las 5:03 y fui a buscar mi vagón y el asiento reservado [27 y 106 respectivamente]. Los vagones empezaban en el 31 y terminaban en 39 ¿¿¿ENTONCES??? La única persona en Alemania que me trató como si estuviésemos en Madrid fue la operadora a la que le pregunté si ese era el tren que iba a Hamburgo y que dónde estaba el vagón 27.
Respondió que sí, que mirase el número de tren y la pantallita que estaba en la pared que ponía ‘Munich Hbf’ [esto girando violentamente el monitor de su ordenador y señalando con furia repetidas veces el 1508 en la casilla de 'Train No.'].
Mis dudas se acumulaban: El tren venía de Munich, pero no fue hasta 25 minutos después que apareció en pantalla hacia donde iba. Faltaba resolver lo del vagón [misterioso 27]. Me dirigí a otro operador y con un inglés forzoso y más gestos que un mimo logró explicarme que esperaban otro tren que sería conectado en la cola del primero y ahí estaría mi rebuscado vagón 27. ¡¡¡Ah coño!!! ¿Cómo se supone que yo supiese eso?
En resumen: Llegó el pedazo de tren [a las 6 y algo], se acoplaron, abordé, una niña de lo más escandalosa sentada detrás de mí, arribamos a Hamburgo, compré una Smirnoff Ice y llamé a Rajoy, quien me esperaba mail previo. Cenamos pizza, charlamos laaaargo rato [necesitaba hablar en español] y por la mañana salimos: yo a conocer un poco Hamburgo para luego tomar tren a Suecia y él a una actividad en la que se disfrazan de personajes de fantasía [elfos, duendes, dríades, senadores…] y acampan tres noches en un monte [¡vaya vida esa!].
En Hamburgo centro compré una salchicha de un pie de longitud, con papas fritas y un vaso de Sprite. Alimenté a las palomas, a los patos [se creó un gran vínculo entre Donald y yo] y a los gansos [¿O eran cisnes? o… ¿Son lo mismo?]. [Click en las fotos para agrandarlas]

Salchicha Hamburguesa[???]

Donald y sus amigos.
Caminé por una feria en la que vendían mogollón de dulces, gasté 0.50€ en una maquinita de esas en las que manejas una especie de grúa para sacar un peluche [sabiendo de antemano que los tres tentáculos del aparato empiezan a cerrarse después de que el mismo comienza su ascenso, por lo que no hay diablo que saque un peluchito de esos].
Paré a descansar y a hacer fotos a orilllas de un canal y súbitamente se me apareció Dios mismo, el Único. Hablamos un rato, me dijo que Cristo no vuelve, que está en Ibiza tomando el sol eternamente, que no esperemos más; que Felvic debería darme parte de su fortuna para el bien de la Humanidad; que Él inventó todo, excepto las bachatas de Zacarías Ferreiras; que Leonel Fernández no es Cristo como muchos piensan y que no, que el mundo no se acabrá el próximo 10 de Septiembre [¡¡¡por suerte!!!]. Nos hicimos una foto, pero su Ser era tan radiante que anuló el flash, por lo que salió oscura, aquí se las dejo:

Dios y yo, en tiempos mejores
Luego volví a la estación y el tren Hamburgo-Suecia estaba retrasado ¡¡¡50 minutos!!! Ahí comenzó la peor noche de mi viaje. Compré una Smirnoff Ice y me senté en el suelo a esperar, leyendo a Poe y pensando en qué haré con todo ese dinero que me dará Felvic al volver a Dominicana.
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