Time.

Una voz, un crescendo,
entre pausas y aliento,
el fluir, movimientos,
el paso, el ritmo lento//

Un latir que presiento,
lugares, sentimientos,
la paz, descubrimiento,
la luz, sombras, atento//

Un calor, ese infierno,
de sentirlo y no verlo,
lo inútil, el intento,
la mentira, lo cierto//

Un cambio que no acepto,
el poema obsoleto,
fragor, sentirse inquieto,
entre besos y versos//

Un giro tan violento,
instantáneo, un momento,
recordarte en silencio,
olvidarte, sin tiempo.

Nuzz

Era/es*.

Era como postergar infinitamente lo inevitable, hacerse de la vista gorda ante el descomunal elefante dormido en la habitación de cristal, el cual dentro poco despertaría hambriento, ansioso e inquieto. Era como si ya fuese casi imposible respirar el mismo aire, enrarecido por la omnipresencia de ambos en cada detalle, en cada gesto, en cada instante, cada espacio, verso, flor, conversación, tuit, foto y pensamiento. Era como caer lentamente en un sueño pernicioso e interminable, repleto de miradas misteriosas y sugerentes, junto a su presencia plasmada permanentemente en el subconsciente. Era como el nudo en la garganta ante la inminencia del principio de otro largo camino, otra larga noche sin luna, otra prueba de fuego. Era como volver a arder sin razón, pero con similar intensidad, como si el mecanismo generador de las emociones me llevase en piloto automático directo a la tormenta, al vacío, la nada. Era como si el indiferente barco de tus hechos se acercase imperturbable a este Maelstrom latente que es mi mente. Era como si un déjà vu a cada paso, cual ecos que rebotaban en el vacío de mi quietud, amplificándose más y más hasta hacerse insoportables. Era.

Es como que lo inevitable sucedió, y la serie de infinitas postergaciones convergió a donde estaba destinada a hacerlo. Como que el elefante despertó, encontró su comida y su paz, y no destruyó nada, porque nada quedaba. Es como que cambié ese aire envenenado por uno lejano y costoso, pero verde y puro. Como que salí a tiempo del letargo que llevaba a ese sueño y evité esas miradas y presencias, esos susurros y sutilezas que se clavaban en mi subconsciente. Es que de verdad me toca andar ese largo camino, pero esta vez he encontrado un atajo justo en medio del continente, y la noche sin luna me da igual, porque brillo. Es que ardo, claro, pero (casi siempre) en silencio, he apagado el piloto automático, tengo el control (casi siempre) y no caeré jamás en esa nada que me seduce sin pausa. Y sobre todo, es que  (aunque me cueste) que ese navegar despacio e indistinto de tus actos no tiene nada que ver con el inmenso torbellino que son mis pensamientos, que el déjà vu recurrente es solo un maravilloso artificio de mis adentros y que los ecos son solo eso, ecos sin vida que se evanescen con El Tiempo, que resultó ser el único amo (comprobado). Es.

Nuzz