Poder decir adiós es crecer.
Adiós – Cerati,
El detonante fue una combinación muy precisa de par de pares de tragos, la infinidad de luces naranja de San José llegando de Escazú, los 11 carriles del peaje completamente vacíos, la súbita interiorización de que ya tengo 33 años (pasaban de las 12) y la voz de Jakob Dylan: “… come on try a little/ nothing is forever…” en esa pieza que Ahashahi y yo, sin darnos cuenta, bautizamos como nuestra y que ya no podemos escuchar sin recordarnos mutuamente.
Todo acudió a mí repentinamente y por primera vez he escuchado al gusanito entre mis lóbulos cerebrales diciéndome que voy a extrañar mucho Costa Rica. Sí, ya sé, me queda al menos un año más aquí y un año es pila de tiempo, cualquier cosa puede pasar, y blah, blah, blah… Haters! Pero anoche sentí intensamente ese vacío indescriptible que precede al adiós. Es como si viese el tráiler de ese filme que casi inevitablemente viviré, una nostalgia anticipada, como vislumbrar el principio del fin.
El lado positivo es que esta micro-epifanía me advierte que debo disfrutar al máximo este lapso restante, explotar todas las posibilidades de esta gran oportunidad y exprimir hasta la última gota de esta Pura Vida Tica. Puede que en un año esté reeditando este post o escribiendo uno nuevo despidiéndome (copiosas lágrimas incluidas), o puede que sea el post que da inicio a un capítulo nuevo que no figura en el índice del libro de mi vida que más o menos me he creado. Nadie lo sabe, pero mientras lo averiguamos, ¡¡¡Vamos por más!!!