Coincidencias borgianas [a.k.a. ‘… por alguna razón’].

Forsan et haec olim meminisse iuvabit.

El Fervor de noviembre ya se apaga
y no te compartí aquella canción
no alcancé ni si quiera los cien días
no nos lo permitimos, por alguna razón…

Jugué a evitar ser Funes, qué cobarde!
jugaste a las Ficciones, sin intención
perdí, sin dudas; ganaste, sin saberlo
y creo seguir jugando, por alguna razón…

Yo, sin embargo, no creo en coincidencias
no creo en dioses, Venganzas, ni Perdón
más sí que creo en el resbaladizo Olvido
que insiste en escaparse, por alguna razón…

Se aproxima un invierno frío y crudo
para ti, dos festejos, doble celebración
y para mí un muy largo, largo diciembre
y enero sin sosiego, por alguna razón…

Más el tiempo es mi aliado, ya lo sé
me ha confesado El Otro en una ensoñación
que El Aleph de tus ojos menguará
no estarás en mis sueños, por alguna razón…

Saldré del Laberinto, Jardín que te concibe
en todos los Senderos, cada Bifurcación
terminará la Infamia de mis Inquisiciones
morirás, mi Zahir, por alguna razón…

Totalmente perdido, y (es mi deber) salvarme
y de amnesias tornarme un Hacedor
solo me quedaré como regalo
que pensases en mí, por alguna razón.

Nuzz

Chéjov engavetado [a.k.a. ‘A bad dream’].

… y la lágrima inútil que doy a tu memoria.

Poema del cuarto elemento – Jorge Luis Borges

En realidad a ratos no me lo creo. Te juro que el desgaste hace que todo parezca un lúgubre sueño con ráfagas luminosas intercaladas entre la niebla que representas. ¿Y sabes qué es lo peor? A medida que pasa el tiempo, más trágico luce todo, más te culpo por esta desgracia y más pérfido es tu ideal en el bullicioso trajín de mi imaginario. Cada día, al recordarte (y suerte que ese ejercicio es cada vez menos frecuente), más corpórea se hace la duda de si tu cautela fue premeditada, tu ingenuidad un simulacro y no fui más que otro trofeo para tu vasta colección de pseudoconquistas inconclusas. Cual artificio creado y puesto en escena deliberadamente por TI en TU historia, a sabiendas de que jamás sería utilizado y, por tanto, prescindible.

Me destroza pensarte así, me entristece juzgarte tan vilmente, pero los devaneos a los que arrojaste mi mente no conocen límite. Algo en mí se descompuso de tal forma que todos los escenarios me son plausibles, con un marcado sesgo hacia lo perverso. Ruego a los dioses en los que no creo por equivocarme doblemente: por un lado, espero que este desenlace no haya sido parte de una conspiración tuya, si no un error no forzado, inocente e inconsciente, tal como argumentaste implícitamente. Por otro lado, anhelo (iluso) errar respecto a la inexistencia del propósito de esa arma de Chéjov, y que la misma no termine engavetada sin jugar ningún rol en la trama de tu existencia… pero esa aspiración probablemente resulta del voraz Maelström en el que mi mente gira desde ese 18 de agosto. Cobarde.

Nuzz