Nuevo final.

That’s all Folks

-Porky

Tantos finales: este, este otro, otro y oootro. Ya parece un tiovivo, un carrusel, carrete de emociones, cajita musical que repite su insidiosa melodía cada cierto tiempo. Esta vez parece doler más que nunca, pero no es cierto, simplemente es más reciente e inesperado. Todos los finales se sintieron así en su momento, y aquí estamos. Pensé era una broma, y hasta cierto punto lo es. Luego de regodearme sin clemencia ante ti, el hijueputa karma manda la factura por WhatsApp y despierta a La Bestia devoravidas.

Este nuevo final, OBVIO, no será el último. Pero primero hay que cerciorarse de que es un verdadero final, y esto es engañoso, porque posterga el desenlace y, con él, el drama, dolor y sufrimiento. Luego vendrán otros comienzos, otros descrubrirse mutuamente, otros explorar cuerpos y emociones, otras noches de charlas y silencios, de alcohol y seducción, baile, misterios y sexo lujurioso, [¿]pero no contigo[?]. Mientras, debo mantener viva esa luz que me caracteriza y que (¡oh sorpresa!) en estos días siento apagarse con más frecuencia de lo que jamás pensé lo haría por ti (¡iluso!).

Como es costumbre, no deja de titilar en mi cerebro el “pudo ser”, siempre tan tarde, siempre tan torpe, siempre tan irónico. Te fuiste en silencio, luego de gritarle al oído a un yo sordo de egoísmo, y ya no estás. Mi caída es [¿fue? ¿será?] más estrepitosa de lo que todos (tú, yo, los intermediarios de la relación, ¡todos!) esperábamos. Si dios existe debe estar muerto… de risa. Ahora recojo mis motetes con una lentitud nada fortuita, a la espera de alguna señal tuya (que sé no llegará) para dejarlos caer y crear ese nuevo comienzo contigo y con calma (¡iluso!). Divagaciones de una mente endeble y traumada. Mundos ficticios creados con los trozos de aquel futuro que pudo ser (¡Ja! ¡Helo ahí otra vez!) tan bello y que yo mismo destrocé.

La fiebre volverá, de nuevo, mientras afuera el frío embiste y adentro el vértigo crece al mirar a los ojos este final, este otro final, este nuevo final. Adiós aventajada alumna. Adiós maestra imprevisible. Reíste al último, ríe mejor.

Nuzz

La Bestia.

Depression is being colorblind and constantly told how colorful the world is.”

— Atticus

Dentro de mí vive una Bestia. Se alimenta de sí misma y, al ser parte de mí, me devora junto a ella. Duerme en silencio por meses o años, y a veces despierta brevemente sin motivo aparente. Pero cuando un desliz, un rechazo, la presión o un fracaso la despiertan, me hace arrastrar los pies y evita que vea el sol. Su vigilia es omnipresente y persistente. Una incesante nada en mi interior.

La Bestia no tiene nombre, ni horarios, ni objetivo. Su razón de ser es devorarme desde dentro, sin prisas ni exabruptos. Sus inmensas fauces engullen TODO lo que le doy, todo lo que tengo, todo lo que soy. Es insaciable, mas nunca pide nada. Simplemente está ahí durmiendo, y al despertar, su hambre voraz come, digiere y vuelve a comer, a veces hasta verme consumido casi por completo.

La Bestia me acompaña desde niño, y solo en mi adultez supe quién era. Ahora está de vuelta inesperadamente, y al llegar es difícil vislumbrar cuándo (e incluso si) volverá al letargo en el que usualmente se encuentra. La Bestia solo morirá cuando yo muera, pero sé que tarde o temprano ha de dormir, y volverá mi paz. Mientras, debo encontrar bocanadas de oxígeno en los detalles, micro-instantes que ayuden a continuar. Debo inspirar profundo y darnos aire, porque el aire trae su sueño y mi luz interior.

Esta vez La Bestia vino con tu partida. Y, como es usual en estos casos, no sé distinguir el vacío que dejaste de aquel que crea La Bestia. Lo único seguro es que cuando ella vuelva a su sueño, ni tú ni este vacío ya estarán, y ojalá para ambos que en ese glorioso e inevitable momento, en mí quede algo tuyo que recordar.

Nuzz