Podría ir a las empanadas de Don Bosco o comprar queso frito con yuca en Chefpirito o incluso cabe la posibilidad de ir y sentarme en alguna cafetería tipo Starbucks con la laptop y pagar por el wifi, el aire y el panel de cristal que cubre toda la entrada, Bah!!! Prefiero prepararme mi propio desayuno, a la medida. Aquí las instrucciones:
Levántese tarde, pero antes de las 12. En pantuflas y boxers, rebusque la sartén y la espátula, saque de la nevera los huevos, queso blanco de freír, ajo en pasta, jamón caserío y el sazón líquido de la abuela. Debería haber pan en algún sitio. Pique el queso en cubitos y el jamón en cuadritos [ya que viene en lonjas] mientras calienta un poco de aceite en la sartén a la que previamente le puso fuego medio. Prepárese.
Sofría los cubitos y cuadritos evitando cuidadosamente que las chispitas provenientes de la interacción aceite caliente – embutidos fríos caigan en su piel [eso quema, créame!]. Justo antes de que el queso empiece a pegarse a la sartén esparza menudas gotas del sazón de la abuela por encima y revuelva con la espátula. Debería oler rico. Disfrute.
Si por casualidad salió a correr temprano en la mañana, está resacado y/o no cenó abundantemente [que ahora mismo no es ninguno de los casos], saque tres pollitos nonatos huevos del cartón y rómpalos por el ecuador tratando de que yema y clara caigan dentro de la sartén. Si por casualidad no salió a correr temprano en la mañana, no está resacado y cenó abundantemente [que ahora mismo son los casos], saque sólo dos huevos y haga lo mismo. Decida.
El cascarón contiene mucho calcio, pero podría desgarrarle las entrañas igual que escuhar ‘Dust in the wind’ de Kansas, así es que evite la caída de alguno de los hemisferios huecos en su potencial desayuno [¿las mitades de elipsoides se llaman hemisferios también ?]. Existe un manual de instrucciones para partir huevos sin arruinarlo todo, pero podríamos resumirlo en:
El golpe debe ser lo suficientemente suave como para romperlo sin destrozarlo, mas lo suficientemente fuerte como para poder abrirlo con los pulgares sin necesidad de recurrir al tenedor luego de haber soltado este último. […] La práctica es la única escuela en estos menesteres. Aprenda.
Trate de no distraerse mirando cómo las yemas flotan entre clara y aceite. Enfóquese en revolver la mezcla hasta darle consistencia y apariencia de comercial setentero. Concéntrese. Paralelo al revuelto [¿revolución?], serruche dos panes longitudinalmente. Cuando los huevos alcancen un color cobrizo, sírvalos en un plato de los pocos que tiene y paciencia que dentro de poco estará desayunando. Paciencia.
Llene la tapita del ajo en pasta con ajo en pasta. Derrame el contenido en la sartén y disemínelo haciendo un movimiento circular oscilatorio con el mango de la misma. Coloque las mitades de pan boca abajo [¿existe algo como debajo o encima de medio pan?], aplaste con algún artefacto de cocina con bajo coeficiente de conductividad térmica y no los deje quemar. Limítese. Repita para cada cara de cada pan.
Sírvase junto a pliegues de mayonesa o de la salsa rosa sobrante de los tacos del miércoles. Zumos naturales son preferidos a 100% Rica ó 7Up. Sintonice algún programa de Domingo en la mañana que no sean infomerciales y deguste el revoltillo de su esfuerzo. Siéntase orgulloso. Life’s Good.
Nuzz