Finalmente, llegó el 16 de mayo y cada día aumenta la cantidad de allegados que me pregunta: ¿Y tú Ulises y/o Morlas, por quién vas a votar? Unas veces por pesar y otras con temor de que mi respuesta desemboque en una fútil discusión sobre el mejor, el menos malo, el más inteligente, el menos corrupto, el…, el… y una miríada de otros calificativos.
Yo voy a votar en Blanco, a lo que comúnmente me responden “por ese que…” (otros extendidos descalificativos), y siempre me veo en la obligación de replicar “no, voy a Votar EN Blanco”.
Y escribo esto no para ahorrarme que otros me pregunten, ni porque la constitución me da el derecho a no elegir (como erróneamente alegaban recientemente) sino entre otras cosas, porque la constitución sí establece que el gobierno es representativo y democrático, y en mi humilde condición de anti-todo a-todo, ninguno de los que participan en el presente proceso representa mis exiguos intereses, y no me refiero a candidato (Guillermo Moreno), mas bien, la bandería de que forma parte.
Con respecto a la pregunta inmediata a mi respuesta (haré que saben cuál es), pero ilegítimo o no, será debatido en otro escenario, no me parece más que la crónica de una muerte anunciada.