Eres como si esperara un beso y recibiera una mirada, como una corbata que sólo combina con una camisa, o una camisa para la que sólo existe una corbata. Eres impredecible como si un domingo disfrutase viendo Aeromundo en Colorvisión, eres como esa chicharra que no me deja dormir, sé que estás ahí, pero no te encuentro. Eres lo más cercano a una canción que me puede sumir en angustia o euforia, dependiendo del viento y la lluvia [como ‘So Far Away‘ de Staind, pero más]. Eres como el misterio de los ocho minutos del snooze de mi alarma matutina, siempre tan ocho-minutos-fugaces.
Eres el sol de las 2 de la tarde de un Domingo de Ramos bajo una enramada en un campito de Barahona o Cotuí. Eres como sacar la mano por la ventanilla escuchando a John Mayer o algún otro boy band sin band. Eres el sonidito de que hace mi tele cuando la prendo estando fría [poca gente lo nota, en realidad no estoy seguro de que exista]. Eres, fuiste y serás lo mejor que me pudo pasar sin esperarlo, y a veces pienso [siempre un ‘a veces’, siempre un ‘pienso’] que si lo hubiera esperado quizás no pasa.