Lectura nocturna.
Leía para sí, sumergido entre las páginas, ajeno a la existencia de ese sí mismo, de su yo, y por tanto, del resto del mundo. Absorto en las descripciones, las acciones del leído, el lento reptar del tiempo dentro del libro. A sabiendas de que en el justo instante en que se cerrase, desaparecería esa criatura imaginada, escrita, creada por otro, paseaba sus ojos por las letras, las palabras, descifraba ese lenguaje encriptado en los símbolos y hallaba el significado oculto en la vida del leído.
Reflejo, espejo que duplica su alma, autobiografía intermitente, reaparece cada noche al encender la lámpara sobre la mesa, abrir justo en el marcapáginas y convertirse en sí mismo, transformarse en su él, hasta que el sueño vence la voluntad y el libro se cierra, dejando para luego el capítulo 12 de su vida invivida, su muerte no llegada, aventuras lejanas y amores inamables. Cuando cierra sus ojos su piel se desvanece, alguien está cerrando un libro en algún sitio, alguien que leyó su vida y vivirá sus sueños.
Mayo 18th, 2009 at 8:55 pm
Nunca pensé que eso se podría transcribir… me encanta.