Libros sin Nombres.




Ensayo sobre la Lucidez y La Carretera son los dos últimos libros que leí. En ninguno de los dos aparece un sólo nombre propio de persona, hecho que Yasmil cataloga como una coincidencia. El primero me tomó muchísimo más tiempo del que estimé por la forma de Saramago escribir los diálogos. Es la continuación de Ensayo sobre la Ceguera, que no leí, pero del cual ví la película.

De La Carretera me contó David, me lo trajo mi padrastro de las Europas y, como me advirtieron, es un libro muy triste que describe un mundo postapocalíptico no muy lejano. Padre e hijo huyendo del invierno [que imaginamos producto de alguna catástrofe nuclear o ambiental o porque el LHC se volvió loco y acabó con la mayor parte de las formas de vida en la tierra, quién sabe...], padre e hijo buscan sobrevivir consiguiendo comida, ropa, zapatos, agua, mientras van hacia el sur atravesando peligros muy poco hollywoodenses [no hay monstruos mutantes, ni aliens, ni heroismo de cartón]. El autor no da detalles de muchas cosas, así es que quien lee debe adivinar, más bien suponer, qué, cuándo y cómo sucedió. Transcribo uno de los pasajes más conmovedores de la historia:

Se sentó y paseó la mano por las tripas de las máquinas y en la segunda palpó un cilindro frío de metal. Retiró lentamente la mano y vio que era una Coca-Cola.

¿Qué es, papá?

Una chuchería. Para ti.

¿Qué es?

Ven. Siéntate.

Aflojó las correas de la mochila del chico y dejó la mochila en el suelo detrás de él y metió la uña del pulgar bajo el gancho de aluminio en la parte superior de la lata y la abrió. Acercó la nariz al discreto burbujeo que salía de la lata y luego se la pasó al chico. Toma, dijo.

El chico cogió la lata. Tiene burbujas, dijo.

Bebe.

El chico miró a su padre y luego inclinó la lata para beber. Se quedó allí sentado pensando en ello. Está muy rico, dijo.

Así es.

Toma un poco, papá.

Quiero que te la bebas tú.

Solo un poco.

Cogió la lata y dio un sorbo y se la devolvió. Bebe tú, dijo. Quedémonos aquí sentados un rato.

Es porque nunca más volveré a beber otra, ¿verdad?

Nunca más es mucho tiempo.

Vale, dijo el chico.

La traducción de seguro arruina un poco la intensidad de las palabras [el "vale" Español sustituye infamemente al "Okay" gringo cada 5 ó 6 páginas], pero de todos modos se siente. Qué manera de llorar cuando llegué al final!!!

1v4nuzz

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One Response to “Libros sin Nombres.”

  1.   Morlas Says:

    Cuantas veces he repetido, tratando de convencerme, de que “nunca mas” es mucho tiempo, para rendirse y dejar de romperse la cabeza, el alma y el corazón con la pared, y, nada.

    Solo que, no dejo de intentar encontrar la forma de conseguir la posible manera, de seguir peleando y olvidarme de la pared, del corazón y del alma, tocar un disco eterno, olvidar nuestros nombres y los ajenos, pensar en la carretera, abrigarme con el frío y compartir con el titiritero un poco de su juego, por demás aburrido.

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