Berlín [Interrail 9 de muchos].
Luego del milagro de la resurrección de mi cámara, el viaje tomó tonos más de verano. Llegado a Berlín me dirigí a la oficina de información turística [soy casi un experto en qué hacer al llegar a una ciudad desconocida], a ver si regalaban mapas [casi nunca] y preguntar si podía reservar habitación desde allí. Me encontraron un albergue cerquita de la estación [a cinco minutos caminando], pero en dirección opuesta al centro. Llegué, era impecable, incluía desayuno y la habitación era de seis personas, pero no llegó nadie más esa noche.
Salí esa misma noche a camellar, atravesé la Estación Central [le hice 51,673,061 mil millones de fotos a ese edificio, un Guns and Roses arquitectónico], fui a la puerta de Brandeburgo, Parlamento Alemán, un pedazo del muro que queda en pié, al edificio de la Ópera y cené “Pita-Kebab without salad and fries, and a Sprite please. No, take out“.
Al día siguiente me levanté a tiempo para el desayuno [por lo general es all-you-can-eat] y me dirigía decididamente al Museo Judío [lejísimos de donde estaba el albergue]. De camino me llamó la atención un paseo en bote por los canales que atraviesan el centro. Había descuento para estudiantes y lo tomé. Hice 23,519,543 mil millones de fotos a bordo y a las doce no había recorrido ni un cuarto de la distancia hasta el museo.
Reemprendí mi camino decididamente hacia allí. Pasé por la Isla de los Museos, pero la entrada excedía mi limitado presupuesto, así es que seguí fijo hacia mi objetivo. Frente a la Catedral de Berlín [justo en la explanada del Museo Egipcio], quedé deslumbrado con la escultura de la derecha [si te paras mirando hacia afuera] de un pana en un caballo rampante apuntando con una lanza a un león que está debajo, luchando por su vida. Ahora recuerdo que no tomé datos de la misma [nombre, año, autor…] y veré si hallo algo en Google. Obvio que allí hice algunas 629,061,248 mil millones fotos y partí decididamente hacia el Museo Judío.
Tanto caminar para encontrarme en el museo con un documental interactivo sobre los Judíos y pasarme 2 horas y catorce minutos en la exahustiva biografía de Einstein. Cuando desperté del lapsus eran las cuatro menos quince, mi tren salía a las cinco, no había comido desde el desayuno y no había visto nada del museo. ¡¡¡Corriendo al albergue a buscar el equipaje para no perder el tren a Hamburgo!!!
