Prosa pulcra.
Durante esas últimas cuatro semanas, …, por primera vez se había planteado seriamente la posibilidad de perderla, y eso le provocaba una gran angustia. Había comprendido que ella era lo mejor que le había ocurrido en la vida. Si hacía buen tiempo, quería salir a pasear con ella bajo el sol; si veía algo bello, deseaba enseñárselo; si oía algo divertido, su primer pensamiento era contárselo y verla sonreír. Su trabajo lo reconfortaba, sobretodo cuando daba soluciones inteligentes a problemas inextricables, pero no dejaba de ser una satisfacción fría y cerebral y sabía que su vida sería un largo invierno sin ella.
Estaría genial que a mí se me ocurriese escribir prosa de esa forma, pero el párrafo es de Ken Follet en Un Mundo Sin Fin y estuvo dándome vueltas en la cabeza desde que lo leí por primera vez hace tres o cuatro semanas. Pobre Merthin.